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3 cosas que deberías saber sobre tu piel

Cabecera The Moisturizer - Tres cosas que deberías saber sobre tu piel

¡Hola hola! Ya sabéis que llevo un tiempo queriendo que este blog os sirva como punto de partida para empezar a aprender sobre la piel y entender mejor cómo funciona, sus necesidades, tratamientos que podéis usar y todo lo que la rodea. Hace unos días, hablando con una lectora, me comentaba que le gustaría aprender un poco más acerca de los aspectos más básicos de la piel, así que he decidido que ya era hora de compartir con vosotros este post. Carla, este va por ti!

En este post quiero hablaros acerca de cómo es nuestra piel. No os asustéis, que no pretendo que sea una lección de anatomía, ni mucho menos. Creo que nunca está de más recordar unas pinceladas acerca de qué es la piel, cuáles son sus capas y cómo podemos identificar nuestros tipos de piel.

 

Concretamente, en este post voy a hablaros de los siguientes temas:

1. ¿Por qué es tan importante la piel?

2. ¿Cuáles son las capas de la piel?

  • Epidermis
  • Dermis
  • Hipodermis

3. ¿Qué son los tipos de piel? ¿Cómo sé mi tipo de piel?

  • Piel sensible
  • Piel seca
  • Piel grasa
  • Piel mixta
  • Piel normal

 

 

1. ¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE LA PIEL?

La piel, como os he contado en alguna otra ocasión, es el órgano más grande del cuerpo humano. A estas alturas ya debes haber leído eso cientos de veces, ¿pero realmente es tan importante la piel? ¿Por qué merece la pena cuidarla? 

Nuestra piel tiene muchas funciones, pero las más importantes son tres: nos protege de agentes externos, nos ayuda a regular la temperatura corporal y nos permite estar en contacto con el mundo que nos rodea. Por supuesto, si nos paramos a pensar, podremos darnos cuenta de que la piel nos sirve para mucho más: nos ayuda a absorber sustancias que nuestro organismo puede necesitar, nos ayuda a eliminar aquello que no necesitamos a través del sudor, etc. 

Como bien dije en primer lugar, la piel nos ayuda a protegernos de los agentes externos a los que nos enfrentamos a diario. No nos damos cuenta, pero nuestra piel está sometida a una batalla constante contra el mundo que nos rodea. Entre otros, la piel nos protege de los siguientes elementos:

  • Radiación: esta palabra nos da mucho miedo, nos suena a Chernóbil y a catástrofe, pero la realidad es que todo (TODO) emite radiación. Por abreviar, la radiación no es más que la emisión de energía en forma de ondas electromagnéticas o partículas subatómicas. Tú emites radiación. Tu ordenador emite radiación. Las paredes de tu casa emiten radiación. La radiación, en sí, no es peligrosa. Cuando hablamos de la piel, normalmente nos referimos a su función protectora de la radiación ultravioleta, emitida por el sol e invisible al ojo humano. Los rayos ultravioleta pueden ser UVA, UVB y UVC. Los rayos UVC, los más dañinos, no llegan a nosotros, ya que son absorbidos por la capa de ozono. Los rayos UVB son los que nos broncean, pero también los que producen quemaduras y alergias y los que pueden dar lugar a melanomas. Por último, los rayos UVA son los más comunes, constituyen la mayor parte de la radiación ultravioleta procedente del sol y llegan a nosotros durante todo el año, aunque el día esté nublado y a través de las ventanas. 
  • Temperatura: no me voy a poner en modo hombre del tiempo, pero es lógico que los cambios de temperatura afecten especialmente a la piel. Al fin y al cabo, cuando sales a la calle, es tu cara la primera que tiene que lidiar con el calor y con el frío. Si nuestra piel no está bien nutrida e hidratada, los cambios de temperatura pueden ser aún más dañinos, contribuyendo a deshidratar la piel. Con los años, además, la piel es cada vez más sensible al frío, el calor y el viento, ya que se va debilitando y éstos pueden causar más estragos. Puede parecer una obviedad, pero ir bien abrigado en invierno y bien protegido en verano son claves para que nuestra piel no sufra tanto con el clima.
  • Golpes y arañazos: si eres tan torpe como yo sabrás bien de lo que hablo. No sé tú, pero yo estoy constantemente dándome golpes, tengo un imán que atrae todas las esquinas que me permite tener un bonito estampado de leopardo durante todo el año. Ahora en serio, si no fuera por la piel, todos esos pequeños golpes y arañazos serían mucho más dañinos para nuestro cuerpo. 
  • Infecciones: párate a pensar, por un minuto, en la cantidad de microorganismos que entran en contacto con tu cuerpo a diario. Las bacterias, virus, hongos y demás microorganismos que rondan por nuestro mundo, a menudo, se encuentran con nuestra piel, que nos protege e impide que accedan a nuestro organismo. Si no fuera por ella, seríamos mucho más vulnerables a la enfermedad. 

Ya ves, tan sólo me he centrado en las funciones protectoras más elementales de la piel, pero si no fuera por ella estaríamos desprotegidos frente a muchísimas amenazas, ¿no crees que es ya razón suficiente para cuidarla bien? Pero espera, aún hay más… la piel también nos ayuda a regular la temperatura corporal. El sudor es fundamental para mantener el equilibrio térmico de nuestro cuerpo. Si no fuera por él, cada vez que tenemos fiebre nuestra temperatura se descompensaría y una simple gripe podría terminar matándonos. O, cuando la temperatura baja mucho, si no pudiésemos calentar nuestra piel, la temperatura de nuestro cuerpo también descendería y podríamos entrar en estado de hipotermia fácilmente. Con esto no pretendo ponerme hipocondríaco, pero creo que es importante ser conscientes de lo importante que es que la piel nos permita tener una temperatura estable todo el día y todo el año.

Quiero terminar este apartado con una de las funciones más importantes (y más amables) de la piel. Si no fuera por la piel, no podríamos estar en contacto con el mundo de la misma forma en que lo estamos. La piel nos permite tocar cuanto nos rodea, aprendiendo qué cosas son agradables y cuáles son desagradables. Nos permite saber que podemos estar horas tocando terciopelo y que debemos dejar de tocar la cafetera caliente inmediatamente. Los receptores que hay por todo nuestro cuerpo nos ayudan a conocer el mundo que nos rodea, permitiendo que reconozcamos formas y texturas sin siquiera necesitar ver las cosas. A mí, personalmente, me parece fascinante cuando me paro a pensarlo.

 

 


2. ¿CUÁLES SON LAS CAPAS DE LA PIEL?

 

The Moisturizer - 3 cosas que deberías saber sobre tu pielAunque nos pueda parecer que la piel es un órgano uniforme, no es así. A todos nos suena haber oído o leído alguna vez acerca de la epidermis, pero hay mucho más allá. La piel la conforman tres capas básicas (de menor a mayor profundidad): epidermis, dermis e hipodermis (o tejido subcutáneo). En este post no quiero daros mucho el rollo con un análisis exhaustivo sobre cada capa, los tipos de célula que la conforman, etc. (creo que este no es el lugar adecuado), pero creo que está bien tener unos conocimientos básicos sobre el tema para entender mejor cómo funcionan los tratamientos que utilizamos a diario. Además, nunca se sabe, lo mismo un día te preguntan por esto jugando al Trivial y te apetece dejar a todos boquiabiertos.

 

  • Epidermis.

Es la capa exterior de nuestra piel, la primera barrera contra el mundo que nos rodea. La conforman, a su vez, otras tres capas: el estrato córneo, la capa de Malpighi y la capa basal. El estrato córneo es la parte más externa de la epidermis, la conforman una serie de capas de células muertas, que conforman la superficie de la piel. En su parte más exterior, el estrato córneo tiene la conocida como barrera hidrolipídica o manto ácido: una emulsión de agua y aceite que ayuda a mantener un nivel estable de pH y a prevenir enfermedades de la piel. La capa más profunda de la epidermis la conforman las células germinativas, que son aquellas que renuevan las capas del estrato córneo para que siempre haya una proporción adecuada de células que lo conforman. Por último, la capa de Malpighi, que se encuentra en la parte intermedia de la epidermis, la conforman los melanocitos, que son las células encargadas de protegernos frente a la radiación solar.

 

  • Dermis.

Es la capa de mayor tamaño de nuestra piel, es la capa intermedia. En ella se encuentran los vasos sanguíneos y capilares que irrigan las células de toda nuestra piel, las terminaciones nerviosas que permiten a la piel relacionarse con el mundo que nos rodea (como vimos en el apartado anterior) y las fibras de colágeno y elastina, responsables de mantener la piel tersa, firme y elástica. 

 

  • Hipodermis.

Es la capa más profunda de la piel. En esta capa se almacena la grasa que se acumula en nuestro cuerpo, así que ya sabéis a quién echarle la culpa de esos kilitos de más: es cosa de vuestra hipodermis. Además, en la hipodermis se encuentran las glándulas sudoríparas (que permiten que expulsemos agua y toxinas a través del sudor para regular nuestra temperatura y parte de los folículos pilosos (donde crecen el cabello y el vello corporal).

 

Soy consciente de que es mucha información y muy técnica, pero he intentado sintetizar de forma lo más sencilla posible cuáles son las capas de nuestra piel para que puedas entender mejor cómo funciona. 

 

 

3. ¿QUÉ SON LOS TIPOS DE PIEL? ¿CÓMO SÉ MI TIPO DE PIEL?

Con mucha frecuencia leemos artículos que hablan sobre tu tipo de piel, yo mismo os hablo habitualmente de la importancia de usar productos que se adecúen a las necesidades de tu tipo de piel. En primer lugar, hay que tener en cuenta que el tipo de piel no es algo tan fijo e inamovible como solemos pensar. Nuestra piel puede comportarse de formas distintas en distintas partes del cuerpo (incluso de la cara). Incluso con los cambios de temperaturas y el paso del tiempo también puede (y suele) ir cambiando. Seguro que si te paras a pensarlo te das cuenta de que, quizás, hay zonas de tu cara con mayor tendencia a irritarse y otras con mayor tendencia a engrasarse. De hecho, la mayoría tenemos la piel con una mayor tendencia grasa en la zona T (frente y nariz) que en el resto de la cara. Sin embargo, sí que podemos notar ciertas tendencias (de carácter bastante genérico) en nuestra piel, así que vamos a ver un poco más en detalle qué significa tener la piel sensible, seca, grasa, etc. 

 

  • Piel sensible.

La piel sensible se caracteriza por una mayor tendencia a irritaciones y rojeces. Quienes tienen la piel más sensible suelen encontrar más problemas a la hora de usar determinados productos más ácidos (como, por ejemplo, aquellos con mayor componente de vitamina C o de AHA (Alpha Hydroxy Acids, como el ácido glicólico y el ácido láctico) y BHA (Beta Hydroxy Acids, como el ácido salicílico), así como a los productos que incorporan perfumes (ya hablé en mayor profundidad acerca de este tema en este post). En general, a las pieles más sensibles les conviene más el uso de productos neutros, sin perfumes ni colorantes, para evitar posibles reacciones negativas. 

 

  • Piel seca.

La piel seca suele tener una mayor tendencia a sentirse áspera y tirante, es posible que aparezcan descamaciones y en ocasiones incluso genera picores. La piel seca puede aparecer como consecuencia de factores externos como los que hemos mencionado anteriormente: aumento y descenso de las temperaturas, cambios de estaciones, radiación solar, etc. Además, nosotros mismos podemos contribuir a una mayor sequedad de la piel con un exceso de lavado y exfoliación o utilizando una rutina inadecuada. Además, es interesante mencionar que, en ocasiones, la piel seca, como consecuencia de su falta de hidratación, puede dar lugar a una mayor sensibilización, por lo que es importante mantener siempre bien los niveles de agua. Para ayudar a la piel seca a mantenerse cuidada, nutrida e hidratada es importante mantener una buena rutina de belleza, respetando todos los pasos y siendo estrictos a la hora de realizarla mañana y noche, como ya os he comentado en anteriores posts. 

 

  • Piel grasa.

La piel grasa es aquella que tiene un nivel excesivo de sebo, lo que lleva a la presencia habitual de brillos, poros dilatados y puntos negros y blancos. Son muchos los factores que contribuyen a una piel más grasa y a la presencia de acné. En ocasiones, la piel deshidratada tiende a engrasarse más, ya que ante la falta de agua la piel genera más aceite para intentar restablecer su equilibrio y mantenerse protegida. Algunos de los factores que contribuyen a tener la piel más grasa los podemos prevenir activamente, como son la alimentación, las rutinas de belleza adecuadas y la buena protección frente al sol. Otros factores, sin embargo, son más difíciles de controlar, como son los genéticos y hormonales. Yo mismo tengo la piel con tendencia grasa y reconozco que llevar una rutina de belleza estricta y adecuada a mis necesidades ha sido un paso fundamental a la hora de mejorar mi aspecto. Con frecuencia, quienes tenemos la piel grasa tendemos a pensar que la solución es limpiarla sin parar, pero un exceso de limpieza (así como un exceso de exfoliación) tan sólo nos va a aportar el resultado más indeseado, ya que la piel continuará desequilibrada y, por tanto, seguiremos contribuyendo a esos brillos y granitos que tanto nos gustan. 

 

  • Piel mixta.

Es frecuente que quienes tienen la piel mixta la confundan con piel grasa, y es que tienen varios puntos en común. Quienes tienen la piel mixta se caracterizan por tener la zona T (recordemos, frente y nariz) más grasa y el resto de la cara con piel normal (o, en ocasiones, seca). Para ayudar a la piel mixta debemos efectuar un mayor control de los niveles de aceite en las zonas más grasas, por ejemplo, con la aplicación localizada de determinados tratamientos como mascarillas o boosters mientras que cuidamos, nutrimos e hidratamos normalmente el resto de la cara. Un exceso de limpieza en toda la cara puede llevar a que las zonas más grasas se sigan desequilibrando al mismo tiempo que las zonas más secas continúen secándose. Recuerda, si tu piel es mixta la clave está en encontrar el equilibrio.

 

  • Piel normal.

La piel normal es el sueño dorado, la más deseada, lo que todos buscamos. La piel normal es aquella que tiene un equilibrio que hace que no aparezca seca ni grasa, es suave al tacto y tiene un tono uniforme. En general, la piel normal es fácil de identificar al compararla con los demás tipos de piel, como puedes ver. Por supuesto, una piel normal no implica que podamos dejar de cuidarla o que asumamos que va a permanecer así constantemente, ya que a la piel normal es a la que más se le notan los signos de la edad. Si tienes la piel normal deberás seguir una rutina de belleza estricta que te ayude a mantener ese equilibrio, sin deshidratar ni engrasar la piel. 

 

 

En este post he intentado aportar mi granito de arena para que te conozcas mejor y seas capaz de identificar tu tipo de piel. Sé que podría haber ahondado más en los aspectos más técnicos, pero creo que es mejor daros desde aquí unas pinceladas más genéricas y, más adelante, si queréis que siga profundizando, lo haré. En cualquier caso, ya sabéis que podéis dejarme un comentario con cualquier duda que tengáis y os responderé lo antes posible.

 

Y tú, ¿has podido identificar ya cuál es tu tipo de piel?

 

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